lunes, 22 de julio de 2013

La identidad del territorio caldense

territorio caldense

Caldas, urge del desarrollo de una identidad cultural orientada a la construcción de sinergias territoriales, y de proyectos de ciencia y tecnología articulados a un modelo educativo profundo, para cerrar la brecha de productividad entre su capital donde se concentra el PIB caldense, y la provincia donde pobreza y falta de oportunidades contrastan con su potencial natural y cultural, aún inexplorado e inutilizado.
Debemos fortalecer y valorar el carácter heterogéneo de nuestro territorio, que emulando la cosmogonía Aristotélica lo constituyen cuatro escenarios: por el "elemento tierra" el occidente minero con sus raíces indígenas y afrodescendientes, cuya historia se remonta a la provincia del Cauca; por el "elemento agua" el oriente caldense, que se expresa en el potencial de la navegación del Magdalena y recursos hidroenergéticos en La Miel y el Samaná; por el "elemento fuego" la alta cordillera de fértiles tierras, recursos geotérmicos y ecosistemas de páramos, con sus volcanes de la Mesa de Herveo; y por el "elemento aire" el aroma del café por los dos corredores de la colonización antioqueña, establecidos por sendos flancos cordilleranos.
Primero, respecto a la subregión del "elemento tierra" cuyos referentes culturales fundamentales como la cultura Umbra y el aporte de comunidades de mineros afrodescendientes a la caldensidad, parten de la Colonia cuando la Nueva Granada producía el 70% del oro del mundo y Quiebralomo era la primera mina del orbe, se debería rescatar a Marmato previniendo el traslado de su cabecera en respuesta a las políticas mineras, y aprovechar los 9,8 millones de onzas de oro de sus entrañas, implementando una minería integral con desarrollos artesanales del preciado metal, en lugar de permitir un enclave minero que arrase el poblado y la montaña, y desestructure dicho territorio mediante una actividad extractiva sin valor agregado.
Segundo, en la tierra del "elemento agua" donde los íconos son la navegación del río, subiendas, ranchos de hamacas y la Botánica de Mutis, poseemos un potencial energético cercano a dos millones de kilovatios, cuyas regalías contribuirían a la viabilidad de los municipios cordilleranos del naciente caldense, y la posibilidad de una reducción significativa de costos del transporte hacia y desde el Caribe por el Magdalena, dos factores que harían viables varias industrias químicas de base minera contempladas en el respectivo plan sectorial de Caldas 2006-2016, gracias a un trascendental estudio de Gabriel Poveda Ramos que contiene perfiles de proyectos donde las materias primas provendrían de yacimientos cercanos de carbón, calizas, sal y arenas silíceas.
Tercero, el ecosistema del "elemento fuego" en la alta cordillera de feraces suelos y paisajes de nieves y volcanes, donde los símbolos de la identidad son empalizados, cóndores, frailejones, la ruana de Marulanda, el sombrero aguadeño y el pasillo; allí la primacía debe ser cuidar el agua como fuente de vida y el frágil ecosistema de humedales y páramo, y atender la amenaza volcánica como determinante, pues de sur a norte aparecen Santa Isabel, Ruiz, Cerro Bravo y Romeral.
Y cuarto, para el "elemento aire" en la tierra del café, donde el Paisaje Cultural Cafetero realzando el bahareque de guadua, cultivos diversificados con sombrío y la música de carrilera, obliga a replantear un modelo de producción soportado en agroquímicos y monocultivos que expresa en sumo grado el deterioro de los términos de intercambio, consecuencia de haber reprimarizado la producción, olvidando la transformación y el comercio del café colombiano.
Al revisar los grandes desafíos de la época, además de priorizar la formación del capital social sobre el crecimiento económico, urge recuperar cuencas hidrográficas para preservar agua y biodiversidad; prevenir el aislamiento de Manizales; conurbar la subregión Centro Sur con Pereira; gestionar acertadamente proyectos como Aerocafé, Miel II, la Transversal Cafetera y la navegación del Magdalena; extender las acciones del Paisaje Cultural Cafetero a Aguadas, Salamina y Manzanares; desarrollar las TIC y el transporte rural en Caldas; resarcir pueblos coloniales de secular mísera "sembrados" en oro como Marmato, Riosucio, Supía y Anserma; desarrollar estrategias para que el Oriente caldense aproveche el potencial industrial derivado del recurso minero-energético y la multimodalidad en el puerto doradense, además de desarrollar las opciones agropecuarias del valle magdalenense, de la alta cordillera y de la zona cafetera.


* Profesor Universidad Nacional de Colombia http://galeon.com/cts-economia
 [Ref: La Patria, Manizales, 2013-07-08] Imagen: Mosaico con créditos en cada imagen.


Relacionados:

Visión retrospectiva y prospectiva del desarrollo regional.http://www.bdigital.unal.edu.co/2400/
Vías lentas en el corazón del Paisaje Cultural Cafetero, en:http://www.bdigital.unal.edu.co/5465/
Seis girasoles emblemáticos para la problemática socioambiental de Caldas, en:http://godues.wordpress.com/2013/06/09/
Salamina patrimonial y emblemática, en: http://godues.wordpress.com/2012/08/20/
Retrospectiva histórica de Marmato, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/5948/
Pobreza y ruralidad cafetera, en: http://godues.wordpress.com/2012/12/24/
El Paisaje Cultural Cafetero, en: http://godues.wordpress.com/2012/08/06//
Eje Cafetero: fortaleza minero-industrial y posibilidades agropecuarias, en:http://www.bdigital.unal.edu.co/6656/

El carácter amable, pujante y laborioso del cafetero, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/6731/
Anserma puntal del occidente por sus raíces Umbra, en:http://godues.wordpress.com/2012/10/01/

Antes de que el arco se rompa

El Espectador.


Opinión |20 Jul 2013 - 10:00 pm

William Ospina
Por: William Ospina
Ante las justas protestas de los campesinos del Catatumbo, abandonados por décadas de negligencia estatal en manos de las guerrillas, de los paramilitares, de las multinacionales, de la minería salvaje y de los rigores del clima; ante el clamor de unos campesinos que reclaman inversión social y una zona de reserva campesina aprobada por la Constitución, que muchos consideran la solución a algunos de los problemas del campo colombiano, Santos, con la arrogancia de la vieja aristocracia, con la soberbia clásica de los gobernantes de este país, está permitiendo que una crisis de días se convierta en un problema humanitario de mayores proporciones.
Tenía la oportunidad de decir a los manifestantes: “Todavía no sabemos cuáles puedan ser las ventajas y las desventajas de esas zonas de reserva campesina, pero esta es una excelente oportunidad de poner a prueba un proyecto piloto con inversión pública, presencia del Estado y vigilancia de los medios y de la comunidad internacional, para que no se diga que estas decisiones sólo las podemos tomar de acuerdo con las guerrillas y después de largas discusiones con ellas. En breve tiempo podremos ver si es verdad, como dicen sus adversarios, que se pueden convertir en focos de conflicto, o si, como dicen sus defensores, permiten el desarrollo de una economía comunitaria que por fin ayude a los campesinos a salir del aislamiento y de la miseria, y los incorpore a la sociedad y a la modernidad”.
A lo mejor esa decisión permitiría trabajar conjuntamente con los campesinos en crear un laboratorio de solución de conflictos donde es más importante: a nivel local. Porque tal vez tanto el Gobierno como la guerrilla se equivocan pensando que la paz se puede construir primero en papeles en una mesa y después trasladarla mecánicamente a las provincias.
La paz se construye con la comunidad, allí donde están los problemas: la necesidad de una economía familiar, la necesidad de una agricultura integrada a los desafíos de la época, la necesidad de un modelo de seguridad del que formen parte la confianza ciudadana, la opinión de las personas y las oportunidades reales de progreso.
Es, por supuesto, urgente que las armas se silencien y que este maligno conflicto de 50 años, nacido de la arrogancia del poder y del desamparo de las comunidades, un conflicto que se ha ido degradando y envileciendo por la dinámica normal de una guerra bárbara y eterna, termine por fin, para sosiego de los humildes hogares campesinos que lo padecen, de las jóvenes generaciones que son inmoladas en él, y para que puedan arrancar la modernización y la prosperidad del país.
Santos no debería desconfiar tanto de sus propias decisiones. Está dialogando en La Habana con los insurgentes, pero teme que sus críticos desde el guerrerismo lo acusen de ser débil, por hacerles concesiones a unos campesinos que es evidente que han padecido no sólo la guerra, sino el modo insensible y arrogante como se gobernó el país por todo un siglo.
Debería no poner a depender todo de la negociación. Aquí muchos saben que si el Estado, por su propia iniciativa, hubiera tomado la decisión de modernizar el campo y de abrirles un horizonte de justicia a millones de seres humildes en toda la geografía nacional, no tendría que estar pactando ahora cosas tan elementales con unos ejércitos insurgentes.
Yo creo que el Gobierno colombiano representa muy parcialmente a la sociedad colombiana, pues aunque es elegido por millones de personas, suele gobernar para los intereses de muy pocos. Pero aun así, creo que el Gobierno representa a muchas más personas que la guerrilla: en esa medida está en la facultad de tomar grandes decisiones benéficas por sí mismo, y si no lo ha hecho históricamente ha sido por torpeza, por ignorancia, por soberbia o por desprecio a la comunidad.
Además, ¿por qué creer que se les están haciendo concesiones a las personas? El país es de la gente. La decisión de ayudarles a los pobres a vivir mejor, la decisión de escuchar sus clamores de angustia, y de manejar con serenidad y con respeto sus estallidos de desesperación, no es debilidad, es fortaleza. Significa que el Gobierno sabe que está gobernando para resolver problemas, no para satisfacer su arrogancia.
Gentes que lo han tenido todo, como las que nos gobiernan, no saben lo que es estar en el desamparo, en la falta de horizontes, en la tiniebla de la incertidumbre y de la soledad. ¿Por qué mirar siempre el dolor de los pobres, que los lleva a afrontar a veces riesgos tremendos, como una expresión de maldad, como algo que obedece siempre a un libreto infernal? Pobre democracia la que obedece a semejantes prejuicios, y la que se eterniza en esas terquedades y en esas arrogancias.
Juan Manuel Santos ha desperdiciado una oportunidad de mostrarse generoso, de mostrarse estadista, de mostrar que es capaz, si no de sentir, por lo menos de imaginar el estado de postración en que vive el pueblo al que gobierna. Pero a lo mejor todavía está a tiempo de asumir una actitud más inteligente. En vez de esperar que, uno tras otro, le estallen los incendios de la inconformidad popular, que el país se reviente entre sus manos como el arco del viejo rey nórdico, podría asumir esta posición que me parece la más sensata.
No se le ha ocurrido a él. Pero también saber escuchar forma parte del arte de gobernar.

Juan Manuel Santos acaba de desperdiciar una oportunidad de oro para demostrar no sólo que es un hombre inteligente, sino también que es un estadista.


martes, 16 de julio de 2013

Foro “Honda en la Agenda del Tolima y la Nación”: Ponencia Gonzalo Duque Escobar

       

Foro “Honda en la Agenda del Tolima y la Nación”

Intervención de Gonzalo Duque Escobar*
Auditorio de la Cámara de Comercio de Honda
Honda, Julio 14 de 2013.
Honda la ciudad de los puentes
Señor Gobernador del Tolima, Señores de la Cámara de Comercio de Honda, Padre Jorge Tovar del PDP-MC, Invitados especiales, Ponentes del Foro, Señoras y Señores.
 
0- Una brecha de productividad e ingresos.
Mas del 60 % del PIB de la ecorregión cafetera, se concentra las capitales: Armenia, Ibagué, Pereira y Manizales, que son también las capitales del desempleo, a pesar de esto:
A) Que la productividad del valle del Magdalena duplica la de la Sabana, siendo la sabana 25 veces más productiva que los Llanos Orientales.
B) Que en La Dorada resultan viables, además de aprovechar el potencial energético del oriente caldense, el desarrollo de industrias químicas de base minera, a partir de proyectos que aprovecharían yacimientos cercanos de carbón, calizas, sal y arenas silíceas.

1- La suerte de Honda, está condicionada a la del Gran río del Magdalena: primero como la ruta a la Nueva Granada y al Virreinato del Perú, luego como la arteria de la Patria en los albores de a República y en especial a principios del Siglo XX cuando explota la economía del Café, hasta que palidece tras la apertura del canal de Panamá en 1914.

2- El desarrollo de La Dorada, parte de consolidar un nodo para la multimodalidad.
A diferencia de Puerto Wilches, un simple puerto de paso, La Dorada es un puerto de convergencia de singular futuro, donde confluyen 10 rutas del transporte, fundamentales para el desarrollo del País y con una ventaja competitiva hoy desaprovechada: el río Magdalena donde los costos del transporte, por la vía fluvial, se reducen 6 veces respecto a la tractomula y a la mitad con relación al FF CC, moverá 11 millones de toneladas por año, dos millones de ellas en La Dorada.

3- La Transversal Cafetera de Caldas, como complemento de la Vía de La Línea:
La mal denominada vía Manizales-Mariquita, antes que unir ciudades, debe ser una transversal para integrar en el centro de Colombia, el altiplano como nodo de la cuenca andina del Magdalena donde se genera el 30% de la carga, y el Eje Cafetero como epicentro del Occidente colombiano donde se genera el 40% de la carga de Colombia. De implementarse una vía rápida que pase por Fresno y contemple el túnel de Cocoló, su impacto para el Triángulo de Oro de Colombia, donde habitan el 52% de los colombianos y se genera el 64% del PIB, es reducir los costos del transporte un 20% respecto a la alternativa de La Línea, dado que reduce la distancia y tiempo entre Pereira y la capital.

4- El tema regional:
Los temas regionales suelen ser de poco peso en Bogotá: hemos aprendido de los líderes de Pereira, que Soacha tiene más habitantes y un mayor PIB que Caldas, lo que significa que debemos trabajar como región, bajo los presupuestos del “País de regiones” que propone Eduardo Verano de La Rosa, y esto obliga examinar a fondo las formalezas y debilidades del territorio, para construir sinergias, políticas e instrumentos de integración, y agendas comunes de trabajo.

5- La Conurbación Honda-La Dorada: un nuevo escenario económico y urbano para la Colombia del Siglo XXI.
Estas dos poblaciones, las más emblemáticas del Magdalena Centro cuentan ahora con nuevos instrumentos de Planificación, como la nueva LOOT y la recién expedida Ley de Áreas Metropolitanas, para resolver problemas de tamaño y hacer de su posición geoestratégica, una ventaja competitiva. Extender la navegación del Magdalena hasta Honda y cruzar a Honda con una Transversal Cafetera diseñada con criterios de verdadero corredor logístico, además de vincular ambos poblados a los beneficios del río, es además de desarrollar un gran puerto, consolidar a futuro el primer escenario industrial y logístico de Colombia.

6- El Magdalena Centro, un territorio de oportunidades en construcción:
Al sur del Magdalena Medio, sobre terrenos jurisdicción de Antioquia, Caldas y Cundinamarca y Tolima, se tejen dos hitos de nuestra Historia: la Botánica de Mutis que articuló a Mariquita con Guaduas, y la Navegación por el Magdalena que hizo lo propio con Honda y La Dorada, ya que al entrar en operación los vapores cafeteros y encontrar dificultades en Conejo, se debió extender el FFCC a Yeguas, lo que favoreció el surgimiento de La Dorada. La clave está en construir sinergias territoriales, a partir de los escenarios culturales y ecosistemas de los departamentos señalados, y los otros que constituyen el Magdalena Centro.

7- El gran Proyecto
La Construcción del Magdalena Centro, como un territorio biodiverso y multicultural, debe empezar por convocar a los campesinos y cafeteros y tejedores de ruanas del oriente caldense, a los paneleros y obreros de las minas de carbón y esmeraldas de la tierra muisca, y a las comunidades de pescadores del Yuma y de Guarinocito, herederos de los Panches. Los hitos culturales de este nuevo espacio curtido por el olvido, serán la piedra angular para una política de descentralización política y de recursos, que priorice la formación de capital social sobre el crecimiento económico, y que implemente estrategias de Ciencia y Tecnología para cerrar la brecha de productividad señalada.

Gracias,
*Gonzalo Duque Escobar, Profesor de la Universidad Nacional de Colombia sede Manizales. http://godues.wordpresss.com

Referencias
El territorio como sujeto en el contexto del Magdalena Centro, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/5705/1/gonzaloduqueescobar.20123.pdf
La navegación del Magdalena y la Conurbación Honda – La Dorada: Opciones e Impactos, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/9422/1/gonzaloduqueescobar.201318.pdf
Transversal Cafetera de Caldas: elementos centrales, en: http://godues.wordpress.com/2013/07/05/transversal-cafetera-de-caldas/
Imagen en: funzanoshondanos.galeon.com

¿Qué hay detrás de todo esto?

El Espectador Opinión|13 Jul 2013 - 10:00 pm

  William Ospina

Por: William Ospina

Cuando en otros países se preguntan qué hay detrás de los hechos, están tratando de identificar las causas; cuando se lo preguntan en Colombia, están tratando de encontrar un culpable.

En Brasil, después de años de invertir en la comunidad y de un esfuerzo generoso por disminuir la pobreza, el gobierno de Dilma Rousseff, ante el estallido de las protestas populares que piden profundizar la democracia, ofrece a los manifestantes una constituyente. En Colombia, después de décadas de abandono estatal, de exclusión y de desamparo ciudadano, el gobierno, ante el estallido de las protestas, sólo se pregunta qué demonio está detrás de la inconformidad popular.
¿Hasta cuándo les funcionará a los dueños de este país la estrategia de que cuando la gente reclama y se indigna, cuando estalla de exasperación ante una realidad oprobiosa que nadie puede negar, la causa tiene que ser que hay unos malvados infiltrados poniendo a la gente a marchar y a exigir?
Cuando los voceros tradicionales de nuestro país se preguntan ¿qué hay detrás del Catatumbo?, podemos estar seguros de que no van a descubrir tras esas protestas la injusticia, la miseria y el olvido del Estado. No: detrás ha de estar el terrorismo, algún engendro de maldad y de perversidad empeñado en que el país no funcione.
Quién sabe cuánto tiempo les funcionará la estrategia. Una estrategia muy triste, muy antidemocrática, pero que no es nada nuevo. Uno se asombra de que la dirigencia colombiana tenga esa capacidad escalofriante de no aprender de la experiencia, de repetir ad infinitum una manera de manejar el país para la cual todas las expresiones de inconformidad son siempre sospechosas. Y es posible que haya algún infiltrado, pero una golondrina no borra la noche.
Hace demasiado tiempo que protestar en Colombia es sinónimo de rebeldía, de maldad y de mala intención. Todavía flota en la memoria de la nación esa masacre de las bananeras, que no es una anécdota de nuestra historia sino un símbolo de cómo se manejaron siempre los asuntos ciudadanos.
En toda democracia verdadera, protestar, exigir, marchar por las calles es lo normal: es el modo como la ciudadanía de a pie se hace sentir, reclama sus derechos, muestra su fuerza y su poder. Y en todas partes el deber del Estado es manejar los conflictos y escuchar la voz ciudadana, no echar en ese fuego la leña de la represión al tiempo que se niegan las causas reales.
Pero si un delegado de Naciones Unidas dice una verdad que aquí nadie ignora, que “la población allí asentada reclama al Estado, desde hace décadas, el respeto y la garantía de los derechos a la alimentación adecuada y suficiente, a la salud, a la educación, a la electrificación, al agua potable, al alcantarillado, a vías, y acceso al trabajo digno”, y añade que la muerte de cuatro campesinos “indicaría uso excesivo de la fuerza en contra de los manifestantes”, este Estado, que nunca tiene respuestas inmediatas para la ciudadanía, no tarda un segundo en protestar contra la abominable intromisión en los asuntos internos del país; el Congreso se rasga las vestiduras, las instituciones expresan su preocupación, las fuerzas vivas de la patria se indignan y los medios se alarman.
Nadie pregunta si las Naciones Unidas han dicho la verdad, defendiendo a unos seres humanos que son nuestros conciudadanos, una verdad de la que todo el mundo debería poder hablar, así como nosotros podemos hablar de Obama y de Putin, o de los derechos humanos en China. Para esas fuerzas tan prontas a responder, el funcionario está irrespetando al país. Y el irrespeto que el país comete con sus ciudadanos se va quedando atrás, en la niebla, no provoca tanta indignación.
Así fue siempre. Aquí, en los años sesenta y setenta a los estudiantes que protestaban no les montaban un escándalo mediático: les montaban un consejo verbal de guerra. Todo resultaba subversivo. Las más elementales expresiones de la democracia: lo que en Francia y en México hacen todos los días los ciudadanos, y con menos motivos, aquí justificaba que a un estudiante lo llevaran ante los tribunales militares y lo juzgaran como criminal en un consejo de guerra.
Y los directores de los medios de entonces, que eran padres y tíos de los actuales presidentes y candidatos a la presidencia, no veían atrocidad alguna en la conducta del Estado sino que se preguntaban, como siempre, qué maldad estaría detrás de esos estudiantes diabólicos.
Siempre la misma fórmula. Tal vez por ella se entiende que, hace un par de años, un exvicepresidente de la República, sin duda nostálgico de aquellos tiempos en que el papel de los medios era sólo aplaudir al Estado, se preguntaba ante una manifestación estudiantil pacífica por qué la policía no entraba enseguida a inmovilizar con garrotes eléctricos a esos sediciosos.
Esos son nuestros demócratas: la violencia de un Estado que debería estar para servir a la gente y resolver sus problemas, merece su alabanza; pero el pueblo en las calles, que es el verdadero nombre de la democracia, les parece un crimen. Quizá por eso algunos piensan que ese personaje debería gobernar a Colombia: se parece tanto a nuestra vieja historia, que sería el más indicado para perpetuarla.
Ahora bien: si las verdades las dicen las Naciones Unidas, son unos intervencionistas; si las decimos los colombianos, somos unos subversivos, ¿entonces quién tiene derecho aquí a decir la verdad?
¿Y hasta cuándo tendremos que pedir permiso para decirla?
  • William Ospina | Elespectador.com